lunes, 6 de junio de 2011

PROCESO PARA LA ELABORACIÓN DE TAMBORES SANJUANEROS ESTILO AFROYARACUYANOS:















Material Elaborado por Por Luis Alfredo Valles Silva

INTRODUCCIÓN:

Innegable es la procedencia africana del tambor actual de los pueblos costeros y subcosteros de nuestro continente americano, incluyendo el área del Caribe, por ende que los pueblos subcosteros de la llamada “Zona Negra” del actual Municipio José Joaquín Veroes, ubicado en el bajo valle del Estado Yaracuy.

Bien es sabido, que una vez sucedido el llamado proceso de “Conquista y Colonización” por parte de España en estas “nuevas tierras”, grandes contingentes de africanos fueron traídos a esta América, la gran mayoría, por no decir que todos, en contra de sus voluntades, con el único propósito de reemplazar la mano de obra esclava que venía desempeñando la clase aborigen o indígena, la gente autóctona con los cuales se encontraron los europeos al arribar a este continente.

En su mayoría los grupos humanos deportados, pertenecieron a tres grandes reinos o grupos culturales, el Yoruba (de Nigeria, Togo y Benín), el Luango (del Konko Zambize del sur Africa) y el Bantú (que incluye unos 400 grupos étnicos en Camerún, Angola y Sud Africa); quienes trajeron los conocimientos de sus culturas en sus mentes, al llegar a este “nuevo mundo” comenzaron a reencontrarse, tras haber sido intencionalmente separados, para tratar de aislarlos lingüística y culturalmente, se encontraron con un ambiente similar al de su Africa natal, por lo menos en lo que respecta a condiciones climáticas y ambientales en sí, con ello, trayendo en sus recuerdos las técnicas de elaboración de algunos de sus instrumentos musicales, de utensilios, herramientas e inclusive de alimentos y bebidas.

De manera particular y especial, deseamos hacer referencias al Tambor, como instrumento musical fundamental de la cultura afro, el cual en el caso de nuestra región (Carabobo, Falcón, Lara, Aragua y Yaracuy) pertenece al grupo de los Tambores Largos y más específicamente a la familia de los “cumacos”, es importante destacar en este aspecto, que los estudiosos y entendidos en la materia, aseguran que la presencia de este estilo de tambores, es de una inequívoca evidencia afro Kongo, es decir del Antiguo Reino Kongo, el cual a mediados del s. XV, era el más poderoso de una serie de estados a lo largo de la costa del oeste de Africa. En la segunda mitad del s. XIV grupos bakongo del actual Kongo-Kinshasa cruzaron el rio Congo hacia la actual Angola y conquistaron los territorios donde establecerían la capital del reino, Mbanza Kongo. Parece que parte de su éxito en la conquista de nuevos territorios se debía a sus prácticas de mezclarse rápidamente con los pueblos conquistados, consiguiendo su rápida asimilación y la aceptación de sus autoridades políticas y religiosas, de dónde provino el mayor contingente humano que se asentó por esta región.

Es igualmente importante destacar, que los tambores largos o cumacos que se emplearon en los pueblos de predominante población de color, en los estados anteriormente referidos, eran elaborados muy rudimentariamente, labrados generalmente mediante el uso del fuego, a través de los llamados tizones o brazas incandescentes que se colocaban en el centro, corazón o médula de dicho tronco de árbol seleccionado para tal fin, y lo cual (las brazas o tizones), a través de la gravedad iba descendiendo y a la vez consumiendo la zona central de dicho tronco; el artesano o la persona que realizaba el proceso debía estar muy atento para ir retirando, constantemente, dichas brazas o tizones cuando comían demasiado de un lado; este proceso se reducía, cuando el tronco de árbol hallado era previa y espontáneamente atacado por los microorganismos, o sea por el llamado “comején” o termita (Termes sp.) y (Calotermes sp.), los cuales en su proceso de alimentación ingerían, como aún suelen hacerlo, toda la medula central y zonas adyacentes, realizando en dicho proceso un orificio de gran consideración que aliviaba el trabajo del artesano.

Asimismo, es importante señalar, que las pieles de animales empleadas para el proceso de forraje, eran preferiblemente las de venado matacán (Mazama Rufina bricnii) es una sub especie que se encuentra en las grandes montañas de Venezuela y Colombia, su talla es pequeña, difícilmente alcanza los 30 Kg de peso corporal, se habitan esta en las altas montañas entre los 1500 y 4000 metros sobre el nivel del mar, es una especie muy escurridiza y ágil, su pelaje es pardo rojizo y en los machos, su cornamenta se caracteriza por no tener ramificaciones, vale decir son perfectamente puntiagudos como, agujas. Actualmente está en vías de extinción, y es una especie protegida por el gobierno de Venezuela desde 1979, También se le conoce con los nombres de Locho, o Candelillo, se empleaba, en la actualidad es casi imposible hallar una piel de este animal, debido a que era más fina que la de su pariente el venado Caramerú, de caramera o cornudo, (Odocoileus virginianus goudotii), los machos portan una cornamenta ramificada. Estos cérvidos alcanzan a medir 140 cm. de longitud y el peso está comprendido entre los 60 Kg. El pelo es suave con una coloración de marrón a crema, excepto en el vientre que es blanco. Habita principalmente en los bosques y sabanas. La piel de estos ciervos es muy gruesa para el forraje de tambores, la cual no daba el “dobladillo” ideal, también solían usarse las pieles de picure (Dasyprocta leporina flavescens), género de roedores histricomorfos de la familia Dasyproctidae llamados comúnmente agutíes, ñeques, picures, jochis, seretes, añujes, guatuzas o guatines, habitan en América Central, la parte norte y central de Sudamérica, desde la cordillera de los Andes hacia el este, y desde Colombia hasta las zonas selváticas del norte de Argentina. En Venezuela se pueden encontrar a lo largo y ancho de toda la llanura inmensa; además de la piel del cochino de monte, váquiro o báquiro (Pecari tajacu) es una especie de mamífero artiodáctilo de la familia Tayassuidae. Se encuentra en sabanas y bosques hasta 2.000 msnm desde el sur de Estados Unidos hasta Argentina. A estas pieles se les realizaba un previo proceso de remojo en agua para suavizarlas y asi colocarlas con mayor facilidad al tronco ya ahuecado, asirla o colocarla en la boca elegida para ello en dicho tronco mediante el uso de tachuelas y finalmente proceder a retirarle el vello o pelo, raspándolo o rasurándolo, dejarlo secar para que el sonido emitido al tocar el tambor, fuese el deseado.

El inconveniente que se presentaba con este estilo de forrar el tambor, se presentaba a la hora de ejecutarlos, es decir a la hora de tocarlos, y más inconveniente tenía si se ejecutaban en las noches, dado que, debido al frío de la misma noche y al constante percutir del tambor, las pieles se aflojaban, dejando de dar el sonido buscado o deseado, de allí que debían detenerse para someter las pieles de los tambores al proceso de acercamiento al fuego, es decir para ello se elaboraba una especie de fogata, o bien al encender palmas o ramas secas, o bien papeles o periódicos para que los tambores volvieran a dar la tonalidad deseada, a ese proceso se denominaba “arrequintar” o “requintar”(1), este proceso había de realizarse en reiteradas ocasiones, según fuese necesario.

Ahora bien, acá deberemos acotar, que en las comunidades de Afrodescendientes del bajo valle de Yaracuy, en el Municipio Veroes (Agua Negra, Palmarejo, Farriar, El Chino y Taría), comunidades en donde siempre y por incontables generaciones siempre ha predominado el uso del tambor, por su bien sabido origen afro, no se empleaba o utilizaba la llamada tambora corta que se emplea hoy día, es decir sólo se empleaba el tambor largo, en número de a dos o par, para la ejecución o toque del llamado “luango corrío”(2), estos mismos dos tambores largos por separados eran colocados sobre los hombros de dos hombres, uno delante y otro atrás, siendo percutidos por el de adelante, mientras que otro u otros hombres golpeaban el cuerpo del tambor con los llamados “toricos”(3), para la ejecución de los llamado sangueos (4), mientas se recorrían, como de hecho aún se hace, sólo que con el empleo de las tamboras cortas y no de los cumacos o tambores largos, es de acotar que en los pueblos del Estado Aragua (Cata, Cuyagua, Ocumare de La Costa y Cumboto) aun suele usarse este estilo de tambores tachuelados en condiciones idénticas al más antiguo estilo yaracuyano.

En aquellos tiempos los artesanos empleaban troncos de maderas diversas para elaborar los cumacos, las empleadas eran el aguacate (Persea americana); el tasajo o cardón de tuna (Euphorbia canariensis), el cual al crecer y/o hacerse viejos, se vuelve de grandes dimensiones en cuanto a su diámetro, y es, aun en condiciones fisiológicamente “verde” suave para el labrado en su parte interna y al hacerse “seco” se torna muy resistente, inclusive con su madera aun en pueblos del estado Falcón en Venezuela se realizan sillas y muebles decorativos diversos.


EL ESTILO DE FORRAJE MODERNO EN YARACUY

La modalidad de forrar los tambores con el empleo de aros de bejucos entorchados como se observan hoy día, es si se quiere algo relativamente reciente, de unos cincuenta o sesenta años para acá, lo que fue muy bien aceptado por todas las comunidades sanjuaneras de Yaracuy.

El cambio, según las informaciones que nos suministró en una oportunidad en el año 1989 Don Eloy Sevilla, conocido en la actualidad como “El Rey del Tambor en Yaracuy”, en la localidad de Taría información posteriormente ratificada por sus hermanos paternos Luis Arteaga (5) y Pedro Quiñonez (6) y por su primo hermano Don Benito Montero Olivero, todos habitantes de la comunidad de Palmarejo, podemos decir, que este nuevo estilo de forraje de tambores viene realizándose desde el año 1940, cuando según los relatos de Eloy, vino a la localidad de El Chino, invitada por un sanjuanero de esta localidad, la Parranda sanjuanera de la Familia “Capoano” o “Campoano” de la población de Goaigoaza Parroquia del Municipio Puerto Cabello, la cual tiene una superficie de 104 kilómetros cuadrados y está ubicada en el sector oeste del Municipio en el Estado Carabobo, quienes trajeron para acompañar los cantos de los sangueos sanjuaneros unas tamboras cortas, las mismas forradas con aros de bejucos entorchados o arrollados con alambre dulce o liso. El estilo resultó algo novedoso para quienes presenciaron la parranda, dado que dichas tamboras no requerían de ser acercadas al fuego para tensarlas, sino que con sólo darle un golpe sobre los clavos que sujetaban el aro, al cuerpo de dicha tambora, con un objeto contundente, al momento daban el temple requerido, caso idéntico con los tambores largos, es asi como a los días, al ya fallecido Don Valentín Piña en la comunidad de El Chino, se le ocurre realizar un aprueba de fabricación, emulando el estilo observado en la Parranda de Goaigoaza, es esta la referencia más antigua que se tiene de este estilo de tambores en el Estado Yaracuy, en una visita que le dispensara su buen amigo, él para ese entonces joven Eloy Sevilla, a Valentín Piña en El Chino, este observo “el ensayo” de Piña, pero le notó ciertas fallas, las cuales revisó y corrigió en el propio ensayo que de ello realizó al llegar a su Palmarejo natal, donde aún residía para ese entonces, en esa oportunidad el producto obtenido resultó todo un éxito, fue así como Eloy fabricó tamboras cortas y tambores largos con esta nueva modalidad, lo cual fue gratamente aceptada por los habitantes de Palmarejo extensiva al resto de comunidades del Municipio, debido a que con este estilo las manos de los tamboreros se resentirían mucho menos con lo caliente de las pieles o cueros acercados al fuego y por lo teso o fuerte que tenían que ser los mismos.

Es entonces a Eloy Sevilla, llamado aun hoy día “El Rey del Tambor”, y aunque ya no tiene la fortaleza de otrora, aun toca los cumacos, cargo que durante muchas décadas, no sólo en Palmarejo sino en todo el Veroes, ostento su padre el antiguo Rey del Tambor Don Paulino Oliveros Blanco (“Mocho”), quien sucedió en línea de los mejores Tamboreros de Palmarejo a su tío materno Celso Oliveros Mora.
Esta modalidad de forraje de tamboras se propagó por todos los caseríos sanjuaneros, tanto del Municipio Veroes, como a Albarico en el Municipio Capital San Felipe, y más recientemente lo adoptaron artesanos o fabricantes de otras comunidades hasta donde se ha propagado el culto devocional a San Juan Bautista con tambores y tamboras. Entre estos fabricantes d podemos citar en El Chino a Manuel Herbis “Penino”, a Albín Barboza “Bobo” y a Fraybar Villegas Cordero “El Niño”, en Palmarejo Leonaldo “Aldo” Machado y Kendy Quiñonez, en Farriar Antonio Barboza “Tabo” ya inactivo por la edad, en Taría Rigoberto González y Eloy Sevilla, ya inactivo por la edad, en Albarico Franklin Castillo, en Cocorotico Rafael Tamayo, Inactivo por problemas de salud, en Cocorote José Ramón Arena Peña “El Abuelo” y Jesús Peralta “El Niño”, en Independencia Wilfredo Rodríguez “Wilo” y Luis Valles Silva, inactivo ¨se nos escapan y nos disculpan los artesanos de este ramo que hemos obviado por desconocer sus nombres, quienes están incursionando desde hace ya algunos años en este arte en localidades de sectores de Yaritagua, Urachiche, Boraure, Chivacoa y Yumare, entre otros.


PROCESO PARA EL NUEVO FORRAJE DE TAMBORAS Y TAMBORAS SANJUANERAS EN YARACUY

Los troncos o maderas empleadas:

Los troncos o trozos de árboles de madera utilizados en la actualidad, son idénticamente los mismos que se emplearon en el estilo antiguo, hoy dia preferiblemente se utiliza por encontrarse con mayor facilidad, el aguacate, conocido en algunos lugares como palta, cura (o)o avoca y cuyo nombre científico es Persea americana; no obstante suelen utilizarse, también, otros como el llamado “lano”, “palo tambor” o “balso”, cuyo nombre científico es el Ochromo pyramidale, este ,más suave para su labrado, por poseer una madera mas loable o blanda que el aguacate, pero muchas veces por esa misma característica, de tanto ajustar las pieles parata tensarlas, los clavos se deslizan y comienza a no dar la tonalidad deseada.

Es importante saber, que los troncos de aguacate a emplear deben estar atacados por los microorganismos (por el llamado comején antes referido), es decir, el artesano debe cerciorarse que el interior (la médula del árbol) ya el comején ha invadido y desarrollado su proceso de alimentación, ello para evitar cortar árboles sanos y en franca producción o productividad, además de que si estos animalillos no han realizado el agujero central en el tronco, es sumamente difícil realizar el vaciado o perforado de dicho tronco y por ende de elaborar el tambor. Ver foto Nº 1. Por ello que es preferible, ubicar árboles de aguacate viejos, pues cuando este es antiguo, generalmente, por no decir que siempre, lo invade (“le cae”) comején, para saber cuando este está minado por estos insectos, sólo basta revisar algún nudo del troncó del árbol, por donde estos insectos de la madera tienen un “respiradero”, este es un orificio que se observa de color marrón oscuro casi color café mojado, al observar este detalle, es más que seguro que el interior de ese árbol está en condiciones de ser empleado para tambores, amén de que los dueños de terrenos donde se ubican estos árboles, por temor a que se caigan solos, convirtiéndose en un potencial e inminente peligro lo mandan a derribar; ahora bien, cuando es a campo abierto, es decir en lugares desolados, como en antiguas haciendas, donde se caen por si solos, sólo debe ubicárseles para ser utilizados en la elaboración de tambores.

Se recomienda, que si se tiene la oportunidad de lograr que los trozos de troncos sean cortados a las medidas necesarias, las mismas deben estar por el siguiente orden:

MEDIDAS RECOMENDADAS PARA LOS TAMBORES Y TAMBORAS.

PARA LAS TAMBORAS CORTAS:


Tambora Corta Alto de 40 cm, ancho o contorno= 90 – 94 cm y radio= 28 – 30 cm
Tambora Larga Alto de 50 cm, Ancho o contorno= 104 – 108 cm y radio= 32 – 36 cm
Nota:

El Ancho debe medirse considerando la corteza del tronco la cual se deberá desprender luego.

El Radio se medirá sin tomar en cuenta la corteza del tronco (ver foto Nº 2)
Para Los Cumacos o Tambores Largos:

EN EL CASO DE LOS TAMBORES LARGOS O CUMACOS:

Tambor Corto, Alto= 100 cm, Ancho o contorno=106 – 110 cm y radio= 31 – 33 cm
Tambor Largo; Alto= 130 cm, Ancho o contorno=114 - 120 cm y radio= 32 – 35 cm

Nota: Hacemos referencias a Tambor Largo y Tambor Corto, debido a que se estila o se acostumbra, para el toque o ejecución de los llamados “luangos corríos”, el empleo de dos tambores a la par, a lo cual dan a llamar lo propios cultores “cumaco macho” y “cumaco hembra”, ello dependiendo del grosor o diámetro de los tronco de los mismo, asi como del espesor de las pieles o parches empleados para el forrado, el macho será el más ronco de los dos y viceversa.

La pieles o parches empleadas hoy dia, son única y exclusivamente las de chivo (a), también llamado cabra (Capra aegagrus hircus), mamífero artiodáctilode, la subfamilia Caprinae que fue domesticado desde hace mucho tiempo (cerca del VIII milenio a dC.), sobre todo por su carne y leche, al macho de la cabra se le llama cabrón, cabro, chivato o macho cabrío y a las crías, cabrito o chivo, la cría y utilización de estos animales por parte del hombre se conoce como ganado caprino o cabrío, sus pieles son empleadas para la elaboración de zapatos, carteras y correas, además para el forrado de tambores y tamboriles.
La obtención de las pieles de chivo (a) para el forrado debe ser de manera manual o casera, es decir sin ser procesadas, algunas ocasiones suelen emplearse pieles de tipo comerciales, es decir de las que venden en establecimientos, tiendas o casas musicales, pero estas, debido al procesamiento químico al cual son sometidas, la mayoría de los casos al ser tensadas, el sonido obtenido es muy metálico o la tonalidad es la no deseada por lo grueso de estas o que muchas veces se rasgan rápidamente por lo finas de algunas.

PROCESO DE PREPARACIÓN DE LOS TRONCO.


Una vez seleccionados y acarreados los troncos al lugar de trabajo, se procederá a labrarlos internamente, para ello deberá disponerse de los implementos necesarios, primordial o principalmente de:

 Panda, especie de chícora, a la cual los artesanos locales dan en llamar “panda” en una herramienta cortante o muy bien afilada, la cual es provista de un mango o asa alargada, dependiendo del artesano, pues la misma es de fabricación artesanal o casera, suele medir entre 75 y 160 cm de largo, la parte cortante suele ser plana por una cara y cóncava por la otra (ver foto Nº 3), de manera interisa, es decir soldada la base cortante con el mango en una sola pieza.

 Formones de carpintería. Ver foto Nº 4
 Machete Corto y bien afilado. Ver Foto Nº 5
 Piedra de Amolar. Ver Foto Nº 6
 Esmeril Eléctrico o Manuel. Ver Foto Nº 7 y 8
 Cepillo de Carpintería. Ver Foto Nº 9
 Lija para madera Nº 80. Ver Foto Nº 10
 Serrucho Grande. Ver Foto Nº 11
 Cal agrícola. Ver Foto Nº 12
 Martillo. Ver Foto Nº 13
 Taladro Eléctrico. Ver Foto Nº 14
 Alambre dulce o liso. Ver Foto Nº 15
 Clavos o puntillas de 3 y ½“ ó de 4“. Ver Foto Nº 16
 Brocha de 2 ½ “. Ver Foto Nº 17
 Sellador para madera. Ver Foto Nº 18
 Diluyente químico o Thinner. Ver Foto Nº 19
 Barniz para madera (de la tonalidad que desee el artesano, pues lo hay color nogal, caoba, roble oscuro, transparente, entre otros. Ver Foto Nº 20.

Al tener el tronco en el taller o área de trabajo debe nivelarse, es decir colocarlo en un lugar ideal, en la posición más cómoda para que el artesano, aprovechando del orificio, que anteriormente comentamos deberá poseer dicho tronco, haga la perforación ideal, por lo general nuestros artesanos lo colocan de forma ladeada y acuñada en un rincón para que el golpe con la herramienta llamada “panda” sea lo más contundente y efectivo posible para ir sacando trozos de madera interna.

La perforación o apertura del tronco se hará de adentro hacia afuera, para ello inicialmente se trabajará con los formones y el martillo, para ir aperturando mas el orifico natural del tronco y formando una base para que la “panda” pueda desprender más madera, la cual se empleará para sacar los trozos de madera más largos y gruesos, asi se procederá a emplear, bien la panda, bien el formón, según la necesidad del caso hasta llegar a un espesor ideal de las paredes del tronco, el cual debe ser, sin tomar en cuenta la corteza de dicho tronco, lo ideal es de unos 2 ó 2 ½ centímetros de grosor, al estimar que las paredes del tronco labrado ya está por el orden de lo deseado, se procederá a eliminar la corteza o concha del tronco, para ello debe emplear el machete corto y afilado, este proceso se hace a esta altura del trabajo, para conservar la humedad del tronco y evitar que se resienta, agriete, quiebre o resquebraje por la deshidratación brusca, lo cual se traducirá como un daño irreversible e irreparable y será causa de pérdida de la calidad del tambor en elaboración; una vez descortezado el tronco, el artesano empleará ambas manos para palpar el grosor definitivo, una mano por dentro del tronco y la otra por fuera para apreciar de manera táctil el grosor de la parte media de dicho tronco, esta técnica es denominada “tanteo” o “tantear” y asi poder retirar los excesos o sobrantes que pueda tener.

Seguidamente con el machete se procederá a retirar los sobrantes de madera, como nuditos, “poporos” o “chichones” que generalmente trae el tronco, con ello se trata de emparejas lo más posible el borde externo del tronco, lo cual se logrará definitivamente, una vez seco el tronco con el cepillo de carpintería y por último la lija.

Nota Importante:

Una vez finalizado el proceso de labrado interno y externo, se procederá, o bien con el machete corto o bien con una navaja o cuchilla bien afilada a eliminar el filo del borde, tanto interno como externo del orificio del tambor que ha sido seleccionado para ser la boca del tambor, generalmente es la más ancha del tronco, finalmente se rematará con la escorfina o escofina y la lija, ello con la finalidad de eliminar el riesgo de que el filo que le queda al borde del tronco se convierta a la larga en objeto cortante y ocasione el rasgado o rotura de la piel o parche. Ver foto Nº 21

PROCESO DE PREPARACIÓN DE LAS PIELES.

Como dijésemos anteriormente, las pieles a emplear serán las de cabra o chivo (a), según sean encontradas y según la necesidad que de ellas tenga el artesano; las del animal hembra son siempre más finas o delgadas, se utilizan para el forrado de las tamboras cortas, las del macho son más gruesas y son empleadas para forrar los cumacos o tambores largos, no obstante quedaría de parte del artesano la selección de las mismas, para tal fin, deberán seleccionarse las que no tengan agujeros, roturas, fisuras o tallados, ello sin duda alguna será causa de que al tensarlos o afinar el tambor como proceso final de la elaboración de que se rompan o rasguen.

Como de seguro, estas pieles serán halladas en los lugares donde realizan crianza y/o matanza a gran escala o en grandes cantidades, es decir a escala comercial, dichas pieles o cueros serán sometidos a proceso de protección con el empleo de la “sal industrial”, para evitar que los insectos, en este caso las llamadas moscas caseras(Drosophila spp), quienes se alimentan de los restos de carne y grasa que siempre le queda a las pieles, dejando allí sus huevos que se convierten rápidamente en larvas o gusanos, los cuales en breves momentos devoran a dichas pieles; esta sal empleada es muy fuerte e higroscópica, es decir que absorbe con mucha facilidad la humedad del medio ambiente, lo cual se trasmite directamente a la piel, lo cual es también muy dañino para los fines deseados por el artesano y para los músicos ejecutantes del tambor; para eso se recomienda que al adquirir estas pieles, deban lavarse muy bien con detergente para eliminar esa sal industrial, si no se van a emplear de inmediato, debe espolvoreársele, por la parte no velluda, cal agrícola o ceniza para evitar la proliferación de gusanos, pues es seguro que las moscas llegarán a reclamar su alimento y el resto es historia; una vez espolvoreados con cal o ceniza, deben extenderse plenamente, esto puede hacerse, o bien a pleno sol sobre la tierra estirado con varios zunchos o estacas de madera, el inconveniente de este método es que no puede llover pues se perdería el trabajo, la ora opción, es elaborar un bastidor con r listones de madera y extender y sujetar la piel del animal sobre este, colocarlo al sol el tiempo necesario y si se presentase la lluvia, llevarlo a sitio seguro, asi hasta que seque completamente, luego arrollarlo o enrollarlo y guardarlo muy bien para el momento necesario; llegándose el momento de requerir forrar un tambor, pues se seleccionará el más idóneo, para ello se pondrá en práctica la habilidad y experiencia del artesano forrador, quien nuevamente deberá revisar muy bien dicha piel, cerciorándose de no tener los anteriormente citados desperfectos, una vez seleccionados, someterlos al proceso de remojo o remojado, en abundante agua fresca a la cual se le adiciona cal agrícola, para evitar los malos olores y la atracción a los insectos perjudiciales como las moscas y tábanos, este proceso de remojo nunca debe ser mayor de dos días, pues de lo contrario se podrirían, deben sacarse del remojo, estirarlos, medirlos, presentándolos en la boca del tambor a forrar, cortar las partes excedentes o sobrantes con la navaja o cuchillo cortante, es importante antes de cortar lo que excede, estimar la cantidad que deberá quedar para que la piel al estirase quede holgada, ver foto Nº 22.

Durante el proceso de remojo, el artesano debe revisar al siguiente dia las pieles, pues allí deberá retirar los restos de carne y/o grasa que generalmente le quedan a la piel, incluso debe si es necesario cambiar el agua por nueva y adicionarle nueva cal, ello es garantía de mejor acabado de la curtienda de dicha piel, inclusive debe empleando una hojilla u hoja de afeitar para ir retirando o desproveyendo de los vellos o pelos de la piel, una vez rasurada o pelad la piel, dejarla secar extendida al sol y finalmente medir y forrar la tambora o el tambor en el caso que fuese.

Algunas personas acostumbran el dejar en remojo las pieles con cal durante más días, pero constantemente están dándole revisiones y “tanteando”, pues la cal pudre la base del vello y al sacar la piel del remojo, con un trocito de madera rectangular domo de 10 X 5 X 2 cm , pasándolo con énfasis o friccionándolo con presión y precisión, los vellos se eliminan fácilmente, este método evita el uso de las hojillas, que muchas veces son causantes de roturas en los cueros.

El riesgo de esta técnica radica en que muchas veces no se estima bien el tiempo el cual deben de estar en remojo las pieles no revisándolas, de allí que se pasan y por lo consiguiente se pudren y se rompen antes de montarlas, incluso se ha dado el caso de que luego de estar forrado el instrumento al estarlo afinando o buscando el temple ideal se rasgan y se pierde todo el trabajo, teniéndose que forrarlo nuevamente.

PROCESO DE SELECCIÓN Y PREPARACIÓN DE LOS BEJUCOS Y ELABORACIÓN DE LOS AROS O PRENSADORES:

Es importante recordar que esta es la parte del proceso que caracteriza la nueva modalidad de forraje de los actuales tambores afrosanjuaneros de Yaracuy, es si se quiere la parte más relevante de todo el proceso, desde el punto de vista de la estructura constitutiva del instrumento en sí.

Bejucos se ha probado muchas especies, sin embargo, la experiencia y el tiempo nos han llevado a emplear con mayor frecuencia los que mejor resultados nos han dado, la recomendación la hacemos basados en la flexibilidad, resistencia al manipuleo al momento de la elaboración de los aros y la durabilidad con el tiempo una vez forrados los tambores o tamboras, en base a ello los recomendados son, el chaparro o bejuco moreno, también conocido como bejuco colorado (Serjania diversifolia), perteneciente a la familia de la sapindáceas, sus tallos son de un gris verdoso, los cuales al ser desprovistos de su corteza, adquieren un color amarillento claro con el tiempo.

Otro bejuco o chaparro recomendado es el llamado bejuco o chaparro mulato (Pullinia frutescens) de la familia de las convolvunáceas, de color verdoso oscuro y una vez cortado el tallo, con el tiempo también se vuelve amarillo, en ambos casos crecen a orillas de riachuelos, cañadas o quebradas, trepándose a empalizados o a troncos de árboles.

En esta sesión de selección de bejucos para la elaboración de los aros o prensadores, es muy importante considerar o tomar en cuenta la época en la cual se cortaran dichos bejucos, ello debido a que la gran mayoría, por no decir que todos, son presa fácil del ataque de los llamados “gorgojos”, especie de los coleópteros de unos 3 mm de longitud, de color pardo oscuro a negro, cuyas larvas penetran en el interior del referido bejuco y se alimentan de la fécula de este, debilitándolo y por ende pudriéndolo, inclusive una vez que se han alimentado de toda la materia nutritiva del aro de bejuco, para la especie en referencias, emergen ocasionando agujeros muy pequeños en la piel del tambor infectado, lo que posteriormente, dependiendo de la cantidad de agujeritos que le hagan causarán la ruptura inevitable del cuero. En tal sentido se recomienda proveerse de los bejucos en la época o periodo de “Menguante”, o como suelen llamarle las personas de los campos en “La Menguante”, lo cual es el periodo o intervalo de tiempo que media entre el plenilunio y el novilunio, o lo que es lo mismo, entre la luna llena y la luna nueva, es el periodo de tempo de algunos días, no menor de dos ni mayo de diez, cambiante de un mes a otro y es mensual. Durante este periodo, científicamente comprobado, por el cambio gravitacional que experimenta la luna, en torno a la cual se produce la llamada menguante, ello influye en el flujo de los líquidos naturales, en la mar, los ríos y en la sabia de las plantas, inclusive hasta en los fluidos corporales de los animales incluyendo al hombre, Menguante quiere decir descender, mermar, bajar, asi al menguar la luna, su influencia hace que los líquidos también desciendan, la sabia de la plantas baja a sus raíces, por ende al cortar la planta en esta época, en nuestro caso el bejuco, este contiene menos líquidos o fluidos dulces o atractivos para saciar al gorgojo. Si se cortan durante otro periodo, cuando los fluidos de la planta estén en recorrido por su interior, el olfato súper desarrollado del insecto lo conducirá al alimento e inevitablemente destruirá paulatinamente al bejuco y por lo consiguiente al aro del tambor y finalmente al tambor en sí.

Una vez seleccionado el bejuco en el campo, debe ser llevado al área de trabajo, se selecciona el trozo o pedazo apropiado, se mide alrededor de la boca del tambor o tambora a forrar, se descorteza o pela, se limpia muy bien eliminándole nuditos u otros detalles, una vez pelados se vuelve a medir alrededor de la boca del instrumento, estimando el espesor de la piel y el tamaño del alambre que se entorchará posteriormente, al medir el bejuco se dejarán a cada extremo unos cinco (05) centímetros de excedente, lo que al unir o atar con alambre dulce o liso, previo corte seccional alterno para cada punta, permitirá hacer o formar el aro o prensador del instrumento a forrar (ver foto Nº 23).

Deben elaborarse dos aros, pues uno va internamente en la piel, parche o cuero sujetándole del tambor en sí y el otro va por fuera, el cual será el que funja como prensador propiamente dicho, el aro interno suele ser más sencillo en cuanto a la fortaleza del mismo, es decir puede ser más delgado y menos entorchado, incluso, en alambre que el exterior, este último debe exponer mejor acabado en cuanto a su disposición estética, es pues el que estará expuesto a la vista de todos, además debe ser más resistente que el interno, ya que, a este será el que se le introduzcan los clavos que además entrarán al cuerpo del tambor.

Para entorchar el aro con el alambre Nº 18, también llamado dulce o liso, deberá enrollarse previamente en un trocito de madera, inclusive puede ser un pedazo del mismo bejuco, formado como una especie de carretel de hilo de coser, pero en este caso de alambre dulce, (Ver foto Nº 24) y a partir de este dispensador se irá enrollando los aros según las sugerencias antes dadas, es decir menos tupido el interior y mas tupido el exterior. (Ver foto Nº 25).

Una vez elaborados ambos aros, se procederá a la colocación del parche de cuero o piel, de la siguiente manera:

COLOCACIÓN DE LA PIEL, CUERO, MEMBRANA O PARCHE.


Existen dos modalidades o maneras de colocar la piel a saber:

1.- Dobladillo hacia adentro:


Una vez curtido el cuero o piel se coloca, con la cara exterior hacia abajo, en el mesón o mesa de trabajo, inclusive puede hacerse sobre el piso directamente, para luego colocar el aro acondicionado para la parte interna, acá el artesano deberá hacer uso de su experiencia o astucia, pues deberá buscar darle prioridad al espacio más adecuado de la piel que emplea en el forrado, una vez colocado el aro deberá estimar un excedente de piel (ver foto Nº26), lo cual será empleado para dar el dobladillo y holgura, se estima unos 4 centímetros, seguido procederá a realizar una marca para delimitar el área por donde deberá hacer el corte final, seguidamente deberá introducir por el interior del bejuco los bordes de la piel o cuero y formará como especie de una bandeja o pandereta, es decir la piel o cuero quedará oculta en el aro o prensador, (Ver foto Nº 27), es de destacar que la piel debe quedar bastante floja pues ello será garantía de que una vez terminado el forrado los aros hayan bajado lo suficiente (unos 5 cm) para que no maltraten las manos del tocador; seguido se coloca la especie de pandereta o bandeja sobre la boca del tambor o de la tambora a forrar, con la cara exterior hacia afuera, se trata de bajar un poco lo mas que se pueda, deberá estar muy pendiente de que el aro este nivelado en relación con el corte que tenga la boca del instrumento a forrar, seguidamente colocará el segundo aro, el exterior y lo llevará hasta el nivel den que ha quedado interno, seguido con el taladro, con una mecha acorde con el grosor de los clavos a emplear, realizará el primer orificio donde colocará el clavo, es de destacar acá, que algunos artesanos colocan los clavos en el aro directamente sin el empleo del taladro, recomendamos el empleo del taladro, pues se han dado casos, que a veces cuando han colocado ya casi todos los clavos uno rompe el aro, allí debe desmontarse y repetir todo el proceso de elaboración de dicho aro y del empleo y colocación de la piel o cuero; ahora bien al hacer el orificio con el taladro dicho agujero debe tener un ángulo inclinación de unos 15º grados, y seguido colocar el clavo correspondiente, el clavo no se introducirá todo, solamente un 75% del tamaño total del mismo, una vez realizado el orificio o agujero y colocado el clavo número uno, procederá a hacer el del número dos, nunca deberá colocarlo al lado, lo hará de forma alterna, es decir lo colocará en la parte de enfrente; técnica o modalidad que los artesanos dan a llamar, “Colocar los clavos en cruz”, el lugar de colocación viene dado por medición óptica, es decir a criterio del artesano.

Una vez culminado el proceso de colocación de todos los clavos, el artesano deberá checar o cerciorarse que todos han quedado equitativamente distribuidos, asi como el nivel al cual quedaron los dos aros, es decir que no haya quedado más bajo de un lado que de otro, si hubo error en el nivel de los aros podrá extraer el clavo y con un golpecito con el martillo nivelar los aros y volver a hacer el agujero introduciendo el taladro por el mismo agujero antes hecho pero en el lugar correspondiente en el tronco del instrumento, seguido de revisar todo la nivelación, dejará que la piel, membrana, cuero o parche seque, una vez seca con el martillo completara de adentrar los clavos, igualmente de forma alterna, para no deformar el desnivel estético de los aros y por ende del parcho, piel o cuero.

2.- Dobladillo hacia afuera.

Es un proceso casi idéntico al anterior, la diferencia radica en que es tal vez un modo más sencillo, como se explica a continuación:

Se coloca el cuero, buscando centrarlo o ubicarlo en la mejor posición, según la calidad, previamente comprobada de la piel y según la estimación subjetiva del artesano, este aspecto le dan en llamar “hacer centro”, una vez seleccionada el área que funcionará como centro se coloca el aro número uno o el que funcionará como aro interno, se baja hasta alrededor de unos 5 centímetros, tomando en cuenta el borde del tronco hacia abajo, se nivela, en todo caso como dicen los propios artesanos del ramo, “al ojo”, proceso meramente subjetivo; seguido se levanta el resto de partes de la piel, cuero, parche o membrana hacia arriba, como si pretendiese hacer un moño o cola de caballo a un cabello humano, tratando de que quede sobre la piel centrada, pues deberá colocar el segundo aro o prensador externo por fuera de esta sección de piel, ver foto Nº 28, seguido, como en el estilo anterior, con el taladro, con la mecha acorde al grosor de los clavos a emplear, realizará el primer orificio donde colocará el clavo, es de destacar acá, que algunos artesanos colocan los clavos en el aro directamente sin el empleo del taladro, recomendamos el empleo del taladro, pues se han dado casos, que a veces cuando han colocado ya casi todos los clavos uno rompe el aro, allí debe desmontarse y repetir todo el proceso de elaboración de dicho aro y del empleo y colocación de la piel o cuero; ahora bien al hacer el orificio con el taladro dicho agujero debe tener un ángulo inclinación de unos 15º grados, y seguido colocar el clavo correspondiente, el clavo no se introducirá todo, solamente un 75% del tamaño total del mismo, una vez realizado el orificio o agujero y colocado el clavo número uno, procederá a hacer el del número dos, nunca deberá colocarlo al lado, lo hará de forma alterna, es decir lo colocará en la parte de enfrente; técnica o modalidad que los artesanos dan a llamar, “Colocar los clavos en cruz”, el lugar de colocación viene dado por medición óptica, es decir a criterio del artesano.

Una vez culminado el proceso de colocación de todos los clavos, el artesano deberá checar o cerciorarse que todos han quedado equitativamente distribuidos, asi como el nivel al cual quedaron los dos aros, es decir que no haya quedado más bajo de un lado que de otro, si hubo error en el nivel de los aros podrá extraer el clavo y con un golpecito con el martillo nivelar los aros y volver a hacer el agujero introduciendo el taladro por el mismo agujero antes hecho pero en el lugar correspondiente en el tronco del instrumento, seguido de revisar todo la nivelación procederá a cortar el exceso de piel, ello lo deberá hacer preferiblemente con una hojilla o con una navaja muy bien afilada, lo hará a ras del aro exterior, con un corte casi imperceptible, luego dejará que la piel, membrana, cuero o parche seque, una vez seca con el martillo completara de adentrar los clavos, igualmente de forma alterna, para no deformar el desnivel estético de los aros y por ende del parcho, piel o cuero.

EL ACABADO FINAL DE LA TAMBORA O DEL TAMBOR.

Una vez ajustados los calvos en su totalidad y dejado de secar a la sombra, nunca deben ponerse a secar los tambores o tamboras al sol, esto haría que los mismos se sequen bruscamente, o como se dice en el argot criollo “a la fuerza”, y cuando se enfrían la piel se estira, incluso se arruga, de allí, que como dicen los artesanos, quedan viciados a tener que estarlos colocando al sol para que estire la piel o parche.
Finalmente se procederá a aplicarle una capa o mano de sellador diluido en thinner, al secar este, aplicarle una capa o mano de barniz de la tonalidad deseada, dejar secar esta y aplicarle la segunda y última capa de barniz.


NOTAS:

He colocado algunas fotos de manera informal, la secuencia lógica según las indicaciones cronologicas en el texto, estarán disponibles en el manual tangible a editarse próximamente.

Nº 1 Cal Agrícola
Nº 2 Clavo o Puntilla de 4"
Nº 3 Thinner o Diluyente
Nº 4 Cepillo de Carpintería
Nº 5 Sellador pqara madera
Nº 6 Piel o Cuero de Chivo (a)
Nº 7 Formones para Madera
Nº 8 Tambores Largo o Cumacos. Macho y Hembra
Nº 9 Par de Aros Entorchados en Alambre liso Nº 18
Nº 10 Par de Aros Entorchados en Alambre liso Nº 18 (Detalle)
Nº 11 Tronco Labrado
Nº 12 Estilo Actual de Forrado en Yaracuy
Nº 13 Estilo Antiguo de Forrado en Yaracuy



(1)Requintar: Palabra empleada por la gente dle pueblo para designar la acción y efecto de tensar las pieles de los tambores, también suelen llamarle arrequintar.

(2)Luango Corrío. Asi denominan los actuales habitantes de la llamada "Zona Negra" del municipio José Joaquín Veroes del Estado Yaracuy, a los cantos y toques, donde se emplean los dos tambores largos o cumacos, los mismos ejecutados por una sola persona, es decir por el mismo músico ejecutante, en estas comunidades "Luango" es la palabra viva, es lo que se dice, lo que se canta, en resumen es su lengua ancestral.

(3)Toricos. Instrumento idiófono, es decir de entrechoque indirecto, empleados en número par, para percutirlos o golpear sobre el cuerpo del tambor largo o cumaco,durante la interpretación de los toques de las sanjuaneadas, suelen ser elaborados con madera de guayaba (Psidium guajava), de naranjo (Citrus sinensis, Citrus aurantium), entre otros, miden alrededor de 40 a 45 centímetros d elargo por unos 10 a 15 centímetros de espesor o grosor.

(4)Sangueo. Dícese del toque, canto y baile ceremonial de la fiesta a San Juan Bautista en algunos caserios y comunidades afrodescendientes en Venezuela, entre ellos los de la llamada "Zona negra" del Municipio José Joaquín Veroes del Estado Yaracuy. Es entre las piezas musicales la mas lenta, empleados para acompañar la procesión con la imagen del Santo del Agua (San Juan Bautista) en donde las mujeres por lo general portan banderas multicolores, que en Yaracuy son de colores suaves y predomina el color amarillo, se dice que el término sangueo proviene de la voz angolesa Sanga, lo cual entre otras cosas traduce, bullerengue, algarabía, regosijo, exaltación, bochinche.

(5)Luis Arteaga. (Q.E.P.D.) Hermano de Eloy Sevilla por parte de padre, es decir hijo de Paulino Oliveros con Guillermina Arteaga, todos de la comunidad de Palmarejo.

(6)Pedro Quiñonez. (Q.E.P.D.). Hermano de Eloy Sevilla por parte de padre, es decir hijo de Paulino Oliveros con Domitila Quiñonez, todos de la comunidad de Palmarejo.

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